¿Qué es la cultura de las dietas?

¿Qué es la cultura de las dietas y por qué es tóxica para nuestra salud?

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La cultura de las dietas (diet culture) es un término que se está volviendo cada vez más visible últimamente, aunque much@s todavía no están muy familiarizad@s. Pero, como dietista con enfoque no dietario (non dietary approach), siento que debemos estar conscientes de lo que es la cultura de las dietas y las formas en que puede ser peligrosa tanto para nuestra salud física como mental. Quédate para aprender más sobre cómo la cultura de la dieta se infiltra en nuestra vida cotidiana, cómo identificarla y cómo defendernos de la misma.

Cultura de la dieta
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Definición de cultura de las dietas

Una de las mejores formas de definir la cultura de las dietas es la de Christy Harrison, dietista registrada y luchadora incansable contra la cultura de la dieta. Ella define la cultura de las dietas de la siguiente manera:

“La cultura de la dieta es un sistema de creencias que:

  • Adora la delgadez y la equipara con la salud y la virtud moral, lo que significa que puedes pasar toda tu vida pensando que estás irreparablemente rot@ solo porque no te ves como el “ideal” imposiblemente delgado.
  • Promueve la pérdida de peso como un medio para alcanzar un estado superior, lo que significa que te sientes obligad@ a gastar una gran cantidad de tiempo, energía y dinero tratando de encoger tu cuerpo, a pesar de que la investigación es muy clara de que casi nadie puede mantener la pérdida de peso intencional por más de unos pocos años.
  • Demoniza ciertas formas de comer mientras eleva a otras, lo que significa que te ves obligad@ a estar muy atent@ a tu alimentación, avergonzad@ de elegir ciertas comidas y distraíd@ de tu placer, tu propósito y tu poder.
  • Oprime a las personas que no coinciden con la supuesta imagen de “salud”, que perjudica desproporcionadamente a las mujeres, las femmes, las personas trans, las personas de cuerpos más grandes, las personas de color y las personas con discapacidad, dañando tanto su salud mental como física”.

Como introducción a la cultura de las dietas, déjame contarte un poco sobre mi propia experiencia con la misma. Espero que ésto pueda ilustrar algunas de las formas en que opera la cultura de las dietas en la vida real.

Mi propia experiencia con la cultura de las dietas

Desarrollé un trastorno alimentario temprano en mi vida. Comenzó cuando tenía 12 años, durante una clase de educación física en la que nos pesaron, midieron y nos tomaron las medidas de los pliegues cutáneos. Me dijeron que estaba por encima del promedio de peso y % de grasa corporal. Fue entonces cuando empecé a sentir que “algo andaba mal conmigo”.

Soy latina, de Puerto Rico, y en ese momento vivía en los Estados Unidos. La mayoría de las niñas en la escuela eran delgadas y altas, y con un porcentaje de grasa “normal”. Al contrario, yo soy muy bajita de estatura, con un trasero que era “demasiado grande” y unas piernas que eran “demasiado gruesas”. Bueno, según decían todas las revistas de belleza que, de repente, me di cuenta que me rodeaban.

La cultura de las dietas en los medios

Devoraba las revistas Seventeen y Cosmopolitan, que me decían que tenía que parecerme a esta o aquella actriz para ser aceptada. Así que aquí tenemos uno de los primeros ejemplos de lo que es la cultura de la dieta: te dice que lo que eres y como te ves no está bien, y que necesitas “hacer algo” para cambiar eso para ser feliz y aceptad@ (lo cual yo era en realidad, antes de que estas dudas comenzaran a infiltrarse).

En aquel entonces (ésto fue entre principios y mediados de los ’90), las revistas con frecuencia incluían planes de dieta en sus publicaciones, y también había unos pequeños libros de dietas junto con las revistas en los pasillos de los supermercados (¿alguien más se recuerda de éso?). Fue uno de estos pequeños libros que finalmente me absorbió en la cultura de la dieta.

Ese verano del ‘91, comencé a seguir aquel pequeño libro de dietas al pie de la letra. Comía exactamente lo que me decía: alimentos que “quemaban” la grasa de mi cuerpo, de la que de repente estaba muy consciente. Pero todavía me veía bastante igual, incluso después de semanas de comer palitos de apio como merienda. Aquí tenemos otro ejemplo de la cultura de las dietas: falsas promesas. La cultura de la dieta te dice que hay ciertos alimentos que puedes y no puedes comer para lograr un ideal físico. No tiene en cuenta que tod@s somos diferentes y también metabolizamos los alimentos de manera diferente.

Pueden producirse trastornos alimentarios

No te aburiré con los detalles, pero todo ésto eventualmente condujo a una anorexia nervosa en todo su apogeo, donde durante los siguientes dos años comía cantidades muy pequeñas de comida, y algunas incluso las prohibí (estaba horrorizada por los 2 TicTacs que tuvimos que comer durante un experimento en la clase de ciencias sobre las papilas gustativas, o algo así).

Cuando miro mis fotos de esa época, me veía enferma e infeliz, y lo estaba. Perdí mi período durante todo un año, mi cabello comenzó a caerse, mi piel tenía un tinte amarillento y con frecuencia me sentía mareada y débil.

A pesar de que estaba peligrosamente bajo peso, todavía sentía que mis piernas eran “demasiado gruesas” y mi trasero era “demasiado grande”. Todavía no me parecía a mis compañeras estadounidenses. Sentía que debía haber algo mal conmigo porque estaba haciendo todo lo que los libros y artículos de dieta me decían, ¿verdad? Y aquí hay otro ejemplo más de la cultura de la dieta en función: hacerte sentir que es tu culpa, que debes esforzarte más, en lugar de reconocer que estas dietas simplemente no funcionan.

El problema con la cultura de las dietas

El problema con la cultura de las dietas es que en realidad son muchos problemas. Como en mi ejemplo anterior, la cultura de la dieta puede tener los siguientes resultados peligrosos:

  • Hacerte creer que no eres suficiente como eres, que hay algo mal contigo y que necesitas arreglarlo porque es tu culpa (¿o sea, que es mi culpa que tengo genes “culturales” para mi tipo de cuerpo?) 🤷‍♀️
  • Pensar que no serás aceptad@ si no te ves o pesas de cierta manera
  • Creer que serás feliz, saludable, exitos@, amad@ y aceptad@ tan pronto como tengas el cuerpo “x”, lo que lleva a la frustración y al odio hacia ti mism@ cuando ésto no se logra
  • Desarrollar una relación problemática con los alimentos, como los trastornos alimentarios y la preocupación por la comida
  • Rebote de peso, lo que puede tener muchos efectos negativos para la salud
  • Internalización del estigma de peso y el sesgo de peso
  • Continuamente buscando aprobación externa en lugar de cultivar el amor propio
  • Problemas de autoestima e imagen corporal
  • Normalizando e incluso alentando la conversación autocrítica, especialmente cuando se trata de nuestros cuerpos. Sentirse y hablar bien acerca de nuestros cuerpos es visto como ser “altaner@” y “creíd@”, como lo demuestra Regina George aquí.

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Otro gran problema con la cultura de la dieta es que ¡está en todas partes! Está en revistas, comerciales, en el gimnasio, en conversaciones diarias. Y a veces ni siquiera somos conscientes de ello. Además, ni siquiera tienes que estar a dieta para dejarte atrapar por la cultura de las dietas y la mentalidad de la dieta. Éstos son algunos ejemplos de la cultura de la dieta funcionando en nuestra vida cotidiana.

Ejemplos de la cultura de las dietas

Como dietista, uno de los efectos más preocupantes de la cultura de las dietas es la relación conflictiva con la comida que fomenta. Cuando contemplamos el hecho de que la comida es solo comida, que es necesaria para vivir y que también tenemos derecho a disfrutarla (pensamiento radical, ¡lo sé! 😉), entonces podemos ver cuán torcidos son estos mensajes de cultura de las dietas. Por ejemplo:

¿Alguna vez te has sentido “culpable” después de comer cierto alimento? ¿Te reprendes a ti mism@ por “atracarte” durante una noche de diversión? ¿Te encuentras diciendo cosas como “Realmente no debería comer ésto” o “Voy a ‘ser buen@’ y omitir la cena ya que tuve un almuerzo tan grande”? Ésa es la cultura de la dieta ahí mismo. Como mencioné anteriormente, la cultura de las dietas moraliza los alimentos en “buenos” y “malos”, lo que significa que tú eres “buen@”, “mal@” o “culpable” por comer ciertos alimentos o cantidades de alimentos.

La cultura de la dieta también utiliza un comportamiento compensatorio alrededor de los alimentos. Por ejemplo, “quemar” ese bizcochito con ejercicio vigoroso, o “premiarte” con una rebanada de cheesecake por comer solo ensalada durante toda la semana.

Pero déjame aclarar algo primero: esto NO es tu culpa. Este es el efecto de la cultura de la dieta tóxica y furtiva en la que vivimos. Es el efecto, como se analiza en este artículo, de una industria de pérdida de peso de “$66 mil millones” que se beneficia de aquell@s que harán cualquier cosa para perseguir su “cuerpo ideal”. Hemos sido programad@s para relacionarnos con la comida y la imagen corporal de esta manera.

La cultura de las dietas normaliza los trastornos alimentarios y las conductas dietarias poco seguras

Por lo tanto, la cultura de las dietas normaliza la alimentación trastornada. Provoca fobias alimentarias, culpa y vergüenza al comer e ignora por completo la importancia de la saciedad y el comer por placer. Y el problema es que internalizamos este pensamiento como si las cosas fueran así, como si ésto es normal. Aquí hay algunos ejemplos más de la cultura de la dieta:

  • Usa descripciones moralizantes para los alimentos, como: “pecaminoso”, “placer culpable”, “eso engorda”, “es malo para ti”, “hace daño”, “comidas para días de pecar”, “comer limpio”, “alimentos limpios”, etc.
  • Promociona/ vende productos o programas que prometen resultados de pérdida de peso “espectaculares”, “rápidos” y “fáciles”.
  • Fomenta la restricción de ciertos alimentos (por ejemplo, alimentos con gluten) o grupos de alimentos, sin ninguna necesidad médica de hacerlo (como tener una alergia o intolerancia), para perder peso.
  • Comercializa los suplementos y productos dietéticos de venta libre con la promesa de un efecto de “quemar grasa”, sin suficiente evidencia clínica, seguridad y/o regulación adecuada.
  • Elogia la pérdida de peso. Esto es problemático porque (1) perpetúa la suposición errónea de que “delgado = bueno”/ “gordo = malo” y (2) la razón de la pérdida de peso puede deberse a una experiencia negativa, como estrés, enfermedad, depresión, etc.
  • Usar “gord@” en un sentido negativo. ¡Es solo un descriptor, gente, como bajit@s, alt@s, rubi@s, moren@s, de ojos verdes, de pelo rizado, etc.!
  • Promueve el ejercicio como una herramienta para tratar de lograr un tipo de cuerpo a menudo inalcanzable en lugar de algo que pueda empoderarte o hacer que te sientas bien.

Los peligros de la cultura de la dieta

Alimentación trastornada
Los trastornos alimentarios son un resultado común y peligroso de la cultura de la dieta.

Así que, como hemos visto, la cultura de las dietas infiltra nuestra forma de pensar, además de nuestra relación con la comida y nuestros cuerpos. Sus peligros van desde el deterioro del disfrute de los alimentos hasta los trastornos alimentarios que amenazan con la vida. Además de todo el tormento emocional de por medio. Y todo ésto solo por la función biológica normal, natural y necesaria de comer. Piénsalo. ¿Vale la pena pasar por todo éso debido a algunos ideales arbitrarios y socialmente construidos? ¿Una copa de helado realmente va a determinar si eres “buen@” o “mal@”? Creo que es hora de cambiar ésta forma de pensar, ¿no?

Otro punto importante es éste: la cultura de la dieta no te dice que “comas sano” y “hagas ejercicio” por los beneficios que puede tener para nuestra salud: promueve estos comportamientos como un medio para perder peso. Y tal como lo he mencionado antes, puede haber tanto comportamientos de promoción de la salud como comportamientos peligrosos para la salud en todo el espectro del peso corporal. Por lo tanto, puedes tener una persona en un cuerpo más grande que se alimenta bien, honra sus señales de hambre y saciedad y realiza actividad física agradable para sentirse fuerte. Y puedes tener una persona en un cuerpo delgado que consume alcohol y descuida sus necesidades de nutrientes. Los comportamientos que promueven la salud, no el peso o el tamaño del cuerpo, deben ser la prioridad.

Relación tóxica con la comida y nuestros cuerpos

Otras formas en que la cultura de la dieta puede ser tóxica y peligrosa es porque:

  • Perpetúa las dietas nocivas y las prácticas alimentarias no comprobadas, como:
    • “Desintoxicación” para la pérdida de peso y la salud
    • Seguir dietas de moda, especialmente con respecto a las dietas que no tienen evidencia para respaldar sus afirmaciones y/o han sido desarrolladas por personas sin entrenamiento médico ni de salud.
    • Automedicarse con productos/suplementos “naturales” que prometen resultados de pérdida de peso
  • No reconoce que los cuerpos tienen diferentes formas, tamaños, colores y pesos, y que no hay nada de malo en ello.
  • No reconoce que nuestros cuerpos cambian de forma natural y constante con el tiempo, y que no es un “fracaso” de nuestra parte si ganamos peso.
  • Al igual que una típica comedia romántica, no te informa lo qué sucede después de la boda. La mayor parte de la pérdida de peso intencional se recupera con el tiempo. De hecho, las dietas “yo-yo” son una forma segura de desarrollar otros efectos negativos, como trastornos alimentarios y un metabolismo más lento.
  • Reduce nuestro valor a cuánto pesamos y a cómo nos vemos. Nunca tiene en cuenta quiénes somos en su totalidad: nuestros valores, rasgos, características, personalidades, peculiaridades, cosas que nos hacen únic@s.
  • Fomenta una preocupación poco saludable con la comida. Un ejemplo de esto es la aparición de la ortorexia.
  • Perpetúa la alimentación trastornada y todos los riesgos negativos para la salud relacionados con ésto.

Cómo sanar de la cultura de las dietas

Buscando apoyo para sanar de la cultura de la dieta
Un buen sistema de apoyo es clave para salir de la mentalidad de la dieta.

Sanar de la cultura de la dieta es posible. No es fácil, pero vale la pena. Y cuanto más nos curamos de esta forma tóxica de pensar y comportarse, más allanamos el camino para que otr@s también se liberen de la misma.

En cuanto a mí, eventualmente vencí mi trastorno alimentario. Comenzó cuando empecé a sentir miedo por todos los síntomas físicos negativos que estaba experimentando. Gradualmente, me permití comenzar a comer de nuevo. Fue difícil, porque el aumento de peso ocurrió naturalmente. Traté de combatirlo con dietas “mejores” y “más saludables” que encontraba en las revistas, pero eran demasiado difíciles de mantener y solo me hacían sentir reprimida y antinatural (¡un sentimiento que detesto en lo absoluto!) Y de todos modos, una dieta, es una dieta, es una dieta …

Mis experimentos con los alimentos y las dietas me llevaron a seguir una carrera en dietética, y fue entonces cuando comenzó la verdadera sanación. Empecé a aprender sobre el papel real que tiene la comida en nuestras vidas (eh, como mantenernos viv@s🤷‍♀️, tu sabes…). También aprendí sobre cómo se comportan los alimentos en el cuerpo, cómo todos los alimentos pueden ser buenos y sobre todas las creencias relacionadas con la alimentación y las dietas que son solo mitos.

No voy a entrar en detalles, pero me llevó algo de tiempo y esfuerzo detener los comportamientos y pensamientos relacionados con las dietas. Y aunque mi peso no llegó a donde mi yo de 12 años hubiera querido, he podido mantener un peso estable, que es adecuado y cómodo para mí, durante el tiempo siguiente. Simplemente comiendo de forma intuitiva (un concepto que aún no conocía). De hecho, acabo de disfrutar de dos mini donas azucaradas mientras escribo ésto. ¡Sin culpa ni vergüenza!

¿A veces lucho con cuestiones corporales? ¡Por supuesto! Pero la aceptación del cuerpo es un viaje que nunca termina realmente; es un llamado continuo para seguir abrazándonos y apreciarnos ¡una y otra vez! Así que, si está interesad@, aquí hay algunas formas de luchar contra la cultura de la dieta y comenzar a recuperar tu poder.

Recursos para salir de la cultura de la dieta

Edúcate: Ésto fue un verdadero punto clave para mí. No tomes estos mensajes centrados en la dieta al pie de la letra. Analiza cuál es la evidencia real detrás de ésto y cuáles son sus propósitos reales (por lo general, para quitarte tu dinero). Lee libros y blogs, y escucha podcasts basados ​​en el mensaje de la cultura contra la dieta. Aquí hay algunos libros, sitios web y podcasts geniales que puedes consultar:

Ten cuidado con las redes sociales: Deja de seguir a las personas en las redes sociales que promueven la cultura de la dieta y la mentalidad de la dieta. Especialmente si no tienen educación en salud para respaldar sus consejos. En cambio, busca y siga a las personas que promueven la aceptación del cuerpo y el amor propio. Éstas son algunas de mis cuentas favoritas en Instagram:

Busca ayuda profesional si éste es un problema difícil para ti: Hoy en día, hay muchos profesionales de la salud que comprenden la importancia del movimiento en contra de las dietas y much@s ofrecen servicios para brindarte la ayuda que necesitas. Los trastornos alimentarios, los problemas de imagen corporal y la autoestima son problemas extremadamente complejos para resolver, y no tienes que hacerlo sol@. Consulta con un proveedor de servicios de salud, especialmente aquell@s que practican la neutralidad del peso y un enfoque no dietario. Aquí hay algunos recursos que pueden ayudarte:

Y ahora me gustaría saber de ti. ¿Qué opinas sobre la cultura de las dietas en la que actualmente vivimos? ¿Crees que es perjudicial o puede haber algún propósito? ¡Cuéntamelo en la sección de comentarios a continuación!

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